Entre las ofertas que se encuentran a mano derecha en la tienda “Futurama”, he encontrado los tomitos de planeta con el Hellblazer primitivo. La alegría ha sido grande ya no sólo por la pela, sino porque supone un reencuentro con uno de mis comics favoritos de la adolescencia. De hecho ha sido llegar a casa, enchufar el AC/DC de Bon Scott y sacar la cerveza de la nevera (pequeño ritual que llevo a cabo durante crisis maníacas).

 

Bueno, Hellblazer es un comic que se caracteriza tanto por su faceta comercial como underground (para los profanos comentar que esto sólo fue fue posible durante parte de los setenta y, desde luego, los ochenta) y la mezcla no sólo resulta explosiva sino que es encantadora y, casi, nostálgica. Quiero decir que uno ya va cumpliendo sus años y la verdad, echa a faltar comic y literatura en general con la acidez suficiente como para sacudir la moral aburguesadilla que con el tiempo se forma o deforma dentro de nuestro ser (down of me que diría janis joplin).

 

En fin, deciros a los que busquéis un comic necesario… necesario en este mar de mierda en el que nadamos, que Hellblazer es la clase de historia que no defrauda y que, incluso, por momentos nos traslada al mundo esquizofrénico en el que vive John Constantine, su protagonista.

 

Bueno, igual algunos recuerden la peli de Constantine con Keanu Reeves… Pero esa es la historia de un aborto que no debiera ser contado (como pasa, por cierto, con el resto de hijastros varios de Alan Moore). Y como no debiera no lo será.

 

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