Archive for marzo, 2012


Pánico  en el transiberiano (1972) es una joya del fantaterror nacional. Uno de esos productos que resulta una prueba evidente de que cuando queríamos éramos capaces de realizar películas a la altura de las producciones de Terence Fisher o George Romero.

La película fue realizada por Eugenio Martín… Un director de esos que quizás merecería ser, lo que se dice, redescubierto. Y no lo digo por películas como La vida sigue igual, de lucimiento de Julio Iglesias, o La chica del molino rojo (1973) , de lucimiento de Marisol (aunque pueda parecer una burla, cuidado, porque tengo gran respeto a la labor profesional que aunque con un claro objetivo comercial permite que una industria siga funcionando) o Las leandras (1969) con Rocío Dúrcal sino por films como el que aquí nos ocupa o Una vela para el diablo (1973).

Qué diantres, de hecho si hubiera justicia en este mundo cruel, debería ser recordado aunque sólo fuese por haber sido asistente de director de películas como Simbad y la princesa o los Viajes de Gulliver.

Volviendo al transiberiano, resulta una obra interesante ya no sólo porque cuenta en su reparto con Christopher Lee y Peter Cushing (aparte de Telly Savalas y Silvia Tortosa, entre otros) sino porque es una de las pocas muestras que conozco de lo que es terror cósmico dirigido por un español, planteando un argumento lovecraftiano que es, como poco, interesante (el otro ejemplo más claro es, por supuesto, La herencia valdemar/la sombra prohibida) por estar bien planteada y, sobretodo, bien conducida… Y más si la comparamos con otros intentos, como el mencionado entre paréntesis, que también intentan un acercamiento a este subgénero.

Una vela para el diablo (1973)

Pánico en el transiberiano (1972)

Que yo diga que Carlos es el mejor dibujante vivo a nivel nacional no es, desde luego, ninguna sorpresa, pero es algo que me gusta repetir. Además, es necesario, porque debemos tener en cuanto que todavía hay suelto por ahí mucho analfabeto que mejor haría dedicándose a la recogida del cebollino.

Si el mejor es Carlos Giménez no puedo dejar de decir que el peor es, en mi opinión, Paco Roca. Ahí queda eso.

Bueno, la carrera de Carlos es muy dilatada y arranca, con cierto grado de reconocimiento, en los sesenta. De este período son obras como Gringo, Delta 99 y esa gran tebeo que es Dani Futuro. Dani, mi tocayo, tendrá una entrada para él solo, pero de momento pedir que es urgente una reedición porque la de Glènat ya queda lejos.

Desde finales de los setenta y durante los ochenta hasta la actualidad, Carlos viene desarrollando la que es considerada (y con razón) su obra madura, formada por comics indispensables, tanto a nivel nacional como europeo, como Paracuellos, Barrio, los Profesionales y, la que es mi última lectura, 36-39: malos tiempos (aunque no habría que olvidar, en ningún caso, obras autónomas al resto de su producción como pueden ser, por ejemplo, Hom o Érase una vez en el futuro).

Malos tiempos es “el comic sobre la guerra civil” , siendo la última obra publicada del que digo es el mejor dibujante nacional vivo. Un creador que no sólo maneja los lápices y las letras de un modo perfecto, sino que aporta, al menos siempre que ha podido, una parte importante de madurez ideológica en sus páginas. Y esto se refleja en dicha obra, supurando cada plancha ideología, honestidad, justicia y memoria histórica a partes iguales.

He tenido la oportunidad de encontrarme con una obra producto de un genio, donde los personajes dejan de ser simples muñecos para convertirse en personas que sufren. Sí, esta es una historia de dolor y sufrimiento, así que los que huyáis de esto en cualquiera de sus expresiones quizás sea mejor que no os acerquéis. Para los que seáis algo más duros. emocionalmente hablando (yo debo decir que con más de una historia de Carlos he llorado como una magdalena), comentaros que el acercamiento a esta obra en particular y a su obra en general, vale y mucho la pena.